domingo, 21 de junio de 2015

Vértigo horizontal

G. sufría de vértigo horizontal. No le molestaban los cielos abiertos, pero sí los horizontes, cuando el día a día lo obligaba a salir a la calle. Por suerte existían las cárceles, y ya había decidido incluso a quién asesinar. El problema era conseguir que su víctima se acercara lo bastante como para que, al alzar la vista, no lo venciera el miedo.

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