lunes, 31 de octubre de 2011

La mala letra

           Después de tanto queriendo escapar, es extraño que al corazón de este hombre, apretado y tenso como un nudo en un retal, lo deshagan las distancias desmedidas. El pequeño drama que de continuo aletea en los pensamientos de los hombres se revuelve con mayor angustia, como un animal pequeño al que él mismo hubiera quebrado las patas.
            Abre la puerta de casa ya tarde para irse acostar, pero la luz del flexo en el escritorio revela una pequeña parte de hogar, uno diferente pero parecido a la intimidad de lo que se conoce muy bien. Se dice que quizás sea el tiempo, el alcohol, la música... Qué más podría ser, si de ello y sólo de ello están hechas todas las cosas, todas las calles y sexos, piensa. Borracho y entrampado se quiere sentar a lidiar con sus excesos. Amigo, qué lento se mira las manos, qué desecha tiene la vista.
          Y ahí se queda dormido, en la silla de hierro colado sobre el escritorio, velado por su pequeño fracaso, con la respiración agria, el lápiz en la mano y la misma página en blanco. Todo lo que ya no existe, hecho polvo en su cerebro intoxicado, todo lo que siendo ajeno tiene presencia en su memoria y quiere, ha sido delicada y siniestramente traicionado, muy en silencio. La culpa familiar y difusa con la que despertará, y que no podrá comprender ni pondrá empeño en tal cosa, será todo lo que quede.

Determinismo

El destino no existe y sin embargo es calculable.