jueves, 28 de julio de 2011

Val Waxman

       Val Waxman, el aprensivo director de cine interpretado por Woody Allen en “Un final made in Hollywood”, cumple años el 19 de junio. El pasado 18 de mayo comenzó la acampada en Sevilla, inspirada por la manifestación del 15 de mayo convocada por Democracia Real Ya, y por la acampada en la Puerta del Sol que se inició la misma madrugada del 16 de mayo.
                La segunda gran concentración, tras un mes de trabajo y una suerte de emociones y militancia  filmada con el grano de lo añado, de partidos clandestinos y lucha de clases -aunque siempre desde el tesón inaudito de la pluralidad-, después de noches al raso urbano y de rancho de guerra animosa, se convocó el día 19 de junio. Y fue un éxito. Decenas de miles de personas, tan sólo en Sevilla, consideraron que la imposibilidad tecnocrática, que la dificultad sistémica no era excusa para la apatía. El cambio era plausible. La reivindicación no era ingenua.
                La madrugada del 19J escribí un texto, dirigido a mis compañeros inmediatos de la comisión con la que colaboraba, que reproduzco:

               “Quiero escribiros -que es de lo poco que sé hacer bien-, porque sois la cercanía, el nodo próximo de lo que hemos construido. Más que por el conjunto del movimiento, al que aprecio en sus valores, mi estima es por vosotros. Todo lo demás serían arengas y demagogias que no contemplo, ni tienen que ver con la admiración que me merecéis. Aunque desde la privacidad cada uno podamos hacerlo extensible a todos los que han colaborado.
                Por lo que hoy os debo, que sería nada si reclamarais lo más mínimo. Porque os he visto levantar templos de coherencia con las vigas tiernas de vuestra palabra e inteligencia. Porque habéis devuelto no ya la voz, sino la elocuencia a una mayoría relegada, en el mejor de los casos, a la multitud de las manifestaciones y la vaguedad de los lemas y consignas. Habéis instruido y demostrado que la política es un ejercicio de calidad humana, y no sinónimo de desidia e interés. Habéis computado la libertad que significa luchar por la vivienda, por el derecho al trabajo y el acceso a la cultura y a la información, por la calidad de los servicios públicos, por el control de las entidades bancarias y un sistema fiscal que garantice la igualdad, por recuperar la capacidad de decisión de la ciudadanía. Habéis redefinido las viejas grandes palabras, que a tanto discurso más o menos idiota, más o menos pasajero han servido. Que dulce y poética resulta por una vez la aplicación técnica de algo, cuando es la Democracia de este joven gobierno de horizonte abierto.
                Por lo demás me guardo el recuerdo del duradero escalofrío al dormir con vosotros -poco y mal-, entre el susurro templado de la plaza. El ver a gente tímida como un gorrión exponer una idea o una propuesta ante un foro de cinco mil personas. El irme a contracorazón cada día, y a la urgencia con la que necesitaba volver, hasta que tuve que imponerme la ausencia que en parte, reconozco, esto que os digo quiere atenuar. La terca voluntad de lo inmediato de vuestro activismo, el trabajo ingente que sólo a ello se debe. Vuestra convicción en lo que os sobra, tanta razón y derecho en la lucha. Esta es mi experiencia y es vuestra, en el mismo momento en que tal vez dejemos de padecer la Historia para empezar a  escribirla, y la magnitud de vuestro anonimato rubrique, con toda dignidad, la letra de lo mucho que habéis conseguido.
                Son las cuatro en punto del 19 de junio.”

                Esta tarde última -ayer, de hecho, por si fuera aún necesario justificar la medianoche-, la policía ha cargado contra uno de los últimos reductos del 15M, concentrado frente al Congreso con la intención de entregar un documento con las propuestas recogidas por los pueblos españoles durante la llamada Marcha Indignada, un juvenil y garboso recorrido por los pueblos de España desde las distintas plazas que culminaba el día 23 de julio en un encuentro multitudinario en Madrid. Desde los grupos de trabajo en Sevilla se ha citado a  una concentración de repulsa, que debía sumarse a la ya convocada para protestar en contra de la derogación del “Plan Centro” para las 20:00 en Plaza Nueva. No he ido. Y podría haberlo hecho, tras 7 horas en el laboratorio, tenía tiempo.  Pero he optado por venir a casa a emborracharme y ver “Un final made in Hollywood”, hipotecando el sueño de mañana, en que regresaré al laboratorio, a cumplir con el reverso ambicioso, intelectual y competitivo de mi ser. He bebido 2 cervezas, mientras me preparaba dos porciones de cuello de cordero asado, con una tostada de tomate rallado y puré de patatas con sofrito de cebolla y pimientos. He acompañado todo con una botella de un Protos relativamente mediocre, y de postre he tomado una porción de sandía fresca. Después he empezado con la ginebra. Llevo dos gintonics, diciéndome que al fin y al cabo, hoy es el único día de la semana  que no trabajo en el bar.
                Me he descojonado con Allen, y he añorado, desde el desconocimiento, la ciudad de  Nueva York, a través de tanto celuloide. Pronto la conoceré. A esta dama urbana, junto con los placeres y obsequios del paladar y el juicio atenuado por el vino, pensando en el skyline de este destino que el anacronismo de las ventajas pequeñoburguesas me disponen, he sacrificado la magnitud imponderable, la expiación consumible del activismo y la lucha. La excusa, inexistente en realidad, incluso cuando la liturgia de mi lenguaje me permitiría mil cavilaciones sobre la identidad, el sentido o el valor neto del movimiento y su calado. Podría haber justificado mi ausencia alegando desde la pureza del materialismo dialéctico hasta el inconformismo antisistema a ultranza, haciéndome pasar por un yonqui seguidor de The Velvet Underground y su plátano inmortal. Lo único cierto es que me he perdido, y he quedado hermosamente desarmado, destruido en partes, derrotado tan cerca de los sueños que en su ilusoria, psicotrópica proximidad carecen  de la suficiente notoriedad para mantenerme a flote, alerta y apasionado.
                Lo bueno de poseer mil facetas es que siempre hay una a la que decepcionar, mientras se satisface a otras tantas. Lo malo es que el ánimo no funciona como un ábaco con una cuenta por cada emoción, computable y compensable.
            Es recurrente en las películas de Woody Allen el final idílico, perfectamente definido pero inalcanzado, ilustrando la tragicomedia de la realidad, apenas matizable por el ánimo y la naturaleza  humana del anhelo, el amor y la confusión. Que todo sea trivial y dependa de la perspectiva, dependerá probablemente, de la perspectiva. Y tal vez mi ebriedad haya sido más fructífera que la lucha social esta noche. No obstante, probablemente solo se trate de hipocresía y egoísmo marginal, además de intrascendente.
                Son las cuatro en punto del 28 de julio.

1 comentario:

tecla dijo...

Perdona mi falta de tiempo para venir a leerte.
En lo que a Democracia real se refiere, quiero decirte lo mismo que dijo José Luis Sampedro, que se pongan como se pongan esto va a cambiar, porque los que estamos cambiando somos nosotros y no vamos a consentir que las cosas sigan como están.
En cuanto a tu visita a mi blog quiero decirte que te agradecí profundamente la observación que me hiciste. La estaba necesitando como agua de Mayo. Así que te pido que cuando vengas a leerme seas sincero conmigo.
Te abrazo intensamente.
Todo va a cambiar. Ya lo verás.