martes, 14 de junio de 2011

Ejercicio del encuentro

Se puede diluir el tiempo
para hacerse más débil
el resabio a pan quemado
que deja lo perdido.

Se puede domeñar el apetito
del miedo, hacer noche
en su imposible refugio
para que la aguda vigilia
traiga el mal recuerdo
de lo que está aún por llegar.

En un mar sin costa o tierra firme
se busca a sí misma
la suerte de encontrarse…
en un mar sin costa o tierra firme
se encuentra
la soledad, sin otro remedio
que más y mayor de sí misma.

Puedo caminar por entre horizontes
profundos, también puedo abrir
las yemas del encuentro,
pero ¿qué clase de seres
me rodean? ¿Qué animales,
vestidos con ropas y perfumes
que me excitan y repugnan
sin que llegue a comprenderlo?
Si no puedo vivir en los demás

¿qué se ha de buscar, al fin y al cabo,
por el vívido filo de lo que es ser
y percibirse?
¿Qué busco? ¿Qué he encontrado?

No hay comentarios: