sábado, 21 de agosto de 2010

Notas de Tailandia (III)

14/08/2010: de Lopburi a Sukhotai

Lopburi son sus monos. Monos correteando entre los tres chedis, cientos de monos columpiándose en el cableado, con el genoma suficiente para robar gafas de sol a los turistas y bolsas de la compra a la gente, que en este pequeña ciudad es más fauna local que el animal.
Sukhotai probablemente tenga las ruinas más impresionantes del periodo inicial de Siam, anterior a la hegemonía de Ayuthaya. Es la cuna de la escritura thai, de trazo abierto y cuneiforme en sus finales.
Entre los templos subsisten con especial tenacidad los laboriosos chedis, macizos y rematados por una cúpula en forma de flor de loto, bajo la que se recogen del paso del tiempo y la historia las cenizas de los nueve reyes que tuvo este imperio. Una vez más, tan primitivo como humano parece ser la necesidad de trascender la inhumanidad de la muerte. Junto a los chedis están los budas, mil veces múltiple en este país, donde el budismo promulga la cosmología de la unidad y advierte sobre el engaño de la multiplicidad de las formas, o Samsara: budas de arquitectura sorprendente, de dimensiones colosales, insinuando formas femeninas o en el reposo de la otra vida, cuando alcanzó el Nirvana.

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