jueves, 12 de agosto de 2010

Notas de Tailandia (II)

07/08/2010: Ayuthaya

Ochenta km. son todo o nada para según qué cosas: para la lluvia y los gatos, el género humano parece ser igual de manso y predecible. Sin embargo, el hombre es menos lobo para el hombre en Ayuthaya que en Bangkok, donde el Barrio Rojo ha quedado convertido en Disneylandia para adultos (los clientes, las dependientas, a gusto de cada cual), el mekong o Mae Khong es más ron que whisky (que venga Carvalho y lo vea) y Chinatown y el centro muestran sus templos horteras del s. XVIII.
La antigua capital es otra cosa, el tiempo y la antigüedad le han devuelto a la arquitectura una cierta franqueza, pagada con pan de oro y piedras. La frontera en la que la memoria de los hombres se topa con las condiciones de la naturaleza, con su rigor y exigencia, aflora en Ayuthaya. Las ruinas del s. XIV cumplen con la sobriedad que se espera de los tesoros, y en ella se ve la decadencia, el exceso del lujo terminal y enfermo que precede a la caida por el abismo del tiempo. Un imperio derrotado siempre es bello.
Además, hay rincones donde la selva medra, insólita y urbana, como disimulando en esta isla de ribera.
Mañana al norte, por Lopburi, la ciudad de los monos, hacia Chiang Mai, Chiang Rai y los campos de opio, a conocer nuevos finales. Ya os contaré.

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