miércoles, 19 de mayo de 2010

Para entenderme

Soy extraño. Soy introspectivo y arrogante. Soy hostil con lo que me es mediocre porque se me antoja dañino. Lo soy de hecho, con lo que me supera porque me frustra y soy incapaz de la humildad. Soy inteligente y atractivo. Soy inseguro y despectivo. Soy bueno. Soy escritor. No tengo pasiones compartidas, soy demasiado abrupto para la compañía. Me aburro en multitud, me quema la cercanía, me destroza la intimidad. Me gusta transgredir con la miseria de otros, no hablo de mis monstruos porque no tienen nombre, me disgusta la felicidad ajena cuando me toman la ventaja y tiene excusa. Soy artero con la esgrima del tintero, soy el extremo anudado a su otro extremo, soy lo que no quieren que sea si no me sale nada mejor, si no me sale ser yo.

No sé hablar por hablar, nunca me doy cuenta de que llevo la situación a último término, tengo talento para ser visto sin mirar. Soy amigo de la palabra digna de un significado, poco más que un suspiro, un soplo animado por la voluntad. No me creo capaz de dañar, pero lo consigo y no lo entiendo, no me siento, no lo hago.

Soy un rojo que milita por despecho, llevo la contraria por deporte, predico la perdición por no pagar una hipoteca, hago prácticas de yonki con pastillas que quitan la jaqueca. Bebo hasta decir basta, hasta no poder decir esta boca es tuya, y la quiero. Vivo de noche, ahorro sentido común para los días laborables.

Soy mezquino sin razones para ello, me puede lo agudo de la ambición, me entierro en recuerdos como sábanas de hierro, hace tiempo que la contradicción es la coartada de mis miedos. Me es fácil enamorarme cuando enamorarse es complicado. Aunque de tópico, sea una ordinariez, siempre olvido antes de que me hayan olvidado. Cojeo de la pierna del medio cuando no lo hace el corazón, y troto a la querencia, ya por obligación o por deseo, cuando me abren la habitación de un beso que hace bien sin mirar a quién. Soy fiel como un hermano, y tierno si me quieren, vivo convencido de que al cielo sólo suben las risas que también duelen, cuando terminan y nos hallamos agotados, el silencio suena a certeza y no me exige nada.

3 comentarios:

tecla dijo...

Ya que has hablado tanto de ti, cuéntame algo de mi.
Mira dentro de los otros, igual allí también estás y te comprendes.
Porque todo enriquece en este mundo.

Guillermo dijo...

Tecla, tu candidez es un virus contra el que estoy vacunado. Porque soy gilipollas. Respondo ante el halago o el genio. Pero por favor, sigue intentándolo.

Noemí dijo...

Con la sombra de tu honestidad bastaría para verme clara en un solo vistazo...que envidia.