viernes, 16 de abril de 2010

La verdad de las palabras (I)


Comprender que la verdad no se encuentra en las palabras, es algo que me ha llevado tiempo. Hasta ahora, creía que la presunta complejidad del lenguaje escondía alguna forma de luz divina. Aceptar que ni la forma ni el contenido me legitiman, es una liberación que empiezo a concebir, que aún repta con dificultad por mi conciencia. No puedo cambiar el mundo con mi palabra. No puedo reescribir la realidad con ingenio. No existe el argumento absoluto.

-Como te digo, qué lástima de la madre de Mari Carmen, es que no puedo verla así, que bajón ha dado. Esa mujer, que me contaba a lo que se dedicaban los grises mientras me empujaba en el columpio, y quién fue Rosa Luxemburgo. Ya ni sabe dónde está.
-Pero se la ve bien. Quiero decir, que todavía sonríe y se la ve contenta, qué más quieres.
-… Pues no sé hija, como querer, se puede querer estar mucho mejor. Ayer después de cenar con ellas, que qué rico el pisto, esta niña, Mari Carmen, profesora de universidad y con un puesto de cuero en la plaza de Islantilla, y encima cocina mejor que nadie y parece la pija más pija de España. Bueno, pues me acosté llorando de haberla visto así ¿Tú crees que me reconoció? Dame esa cerveza… toda la noche llorando y tirándome peos, del pisto supongo. Y ahora me he metido en el agua, y será otra vez el pisto o las cervezas del Maiquel o lo que sea que me han venido los peos otra vez. Y ha sido empezar y ponerme a llorar como anoche, como los perros del Pablov estoy con el reflejo acondicionado. Oye esta cerveza está caliente, dile al Maiquel que nos la cambie antes de irse… ¡Maiquel…! ¡Maiquel! ven pacá gitanito, que guapo y que moreno estás, no te vayas para el fondo, que te ven los marigays y le terminas poniendo los cuernos a tu novio, que te conozco.
-Podría, Lola, podría, pero ¿Pa qué? Si yo lo quiero a él.
-Di que sí. Mira, que se nos ha calentado esta cerve, me la cambias por alguna del carrito más fresquita.
-Porque eres tú, Lola, pero que el hielo aquí en la playa es oro blanco, me lo traigo cargando desde las seis de la mañana.
-El oro blanco es la farlopa, mi niño, que también te podrías traer un día.
-Lola, coño, los niños…
-Perdón, perdón, Miriam, si ya sabes que es broma. Bueno Maiquel, no te olvides de pasarte cuando vengas de vuelta, que ya sabes que aquí nunca nos sobra, y que siempre te compro que eres el que las trae más frías. Qué te decía… ¡Ah! Aurora… ¿a ti viéndola te entran ganas de llegar a los ochenta y tres?

La forma es con frecuencia la excusa para verdades relativas. Hay verdades independientes de la forma, que se dicen de una sola, o de mil formas diferentes.

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