domingo, 18 de abril de 2010

La verdad de las palabras (III)

Cuál es la grafía de un sollozo, del instante absurdo y entrecortado de la lágrima. No existe, porque la verdad no admite el sentido figurado. Los significados importantes no se prestan a la deformidad, al engendro que es el arte. Pueden ser crudas, nítidas como el corte de un tendón, las palabras. Pero no son putas baratas de tu ánimo, ausente lector.


Una trinchera de palabras:


Puedes guardarte la memoria.

Compañero, aquí nuestro tiempo

no se mide con palabras,

no sé en tu lado.


Nada vale nada, dulce,

tú que has sido tanto y te acabas.

Aún así, te acabas.

Como un cielo abierto.


Mi imperio dormido

de cercanía, duerme, sí.

No hay deuda, no tengo derecho

al daño.


Que norma tan necia y necesaria.

4 comentarios:

tecla dijo...

Qué gran entrada Guillermo.
Cuanta belleza y espiritualidad en tus palabras.
Gitano de pura miel que podría decirnos Lorca.
Gracias por tu comentario en el blog de Ateo. Me ha permitido encontrarte.
Saludos.

Guillermo dijo...

Gracias por tu aprecio, Tecla. Ya he activado el gadget de seguidores, aunque como verás, no está especialmente nutrido. Hasta ahora me había parecido un alarde vanidoso, pero a ti también merece la pena poder encontrarte.

tecla dijo...

Puede ser un tanto vanidoso, pero a la vez un orgullo tener con nosotros y a nuestro lado a todas aquellas personas que han decidido seguirnos por propia voluntad.
Una manera de agradecer.

tecla dijo...

Me alegra verme en tus seguidores. Con el tiempo lo tendrás lleno.
Espero leerte cosas nuevas.
Saludos muy cordiales.