jueves, 30 de diciembre de 2010

No sería nada


Cuando acabe, no puede quedar nada.
Con el tiempo en la cárcel del presente,
la pregunta no vale ya la pena,
ni el vértigo de estar, droga en la vena
que nutre con ternura inconsecuente

el riachuelo vital en la cañada,
cercado por la nada y por la suerte.
Extraños que se sientan a mi mesa,
y en mi voz otra voz que les confiesa
la voluntad de atarme el grito fuerte,

para que ya no pueda decir nada,
y aprenda su verdad: en soledad
no es posible el delito del olvido,
cuando a tu salud te hayas prometido
el lujo de tan pulcra impropiedad.

Y ya no queda nadie, queda nada,
que es la piedra y cristal de tu recuerdo;
la que encaña mil cuerpos en la espiga
de amarse con silencios; tus hormigas
por mi cuerpo, llevándose a sus muertos.

Imagen: William T. Ayton

martes, 28 de diciembre de 2010

De Ciberíada

El exceso de belleza rompe matrimonios, el de la inteligencia trae la soledad, la riqueza exagerada conduce a la locura ¡No, no! ¡No se puede dar la felicidad a los individuos, y menos todavía a las sociedades!

Stanislaw Lem, Ciberíada.

martes, 7 de diciembre de 2010

Coherencia


La coherencia es sólo una posibilidad entre infinitos absurdos.

domingo, 14 de noviembre de 2010

De El Árbol de la Ciencia

"Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber que hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin brújula, sin luz a donde dirigirse. ¿Qué se hace con la vida? ¿Qué dirección se le da? Si la vida fuera tan fuerte que le arrastrara a uno, el pensar sería una maravilla, algo como para el caminante detenerse y sentarse a la sombra de un árbol, algo como penetrar en un oasis de paz; pero la vida es estúpida, sin emociones, sin accidentes, al menos aquí, y creo que en todas partes, y el pensamiento se llena de terrores como compensación a la esterilidad emocional de la existencia."

"En todas partes y en todas las épocas los conductores de hombres son prometedores de paraísos."

Pío Baroja, El Árbol de la Ciencia.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Serpientes en el agua de este cuarto




Por ajeno, el sueño realza
la disposición a sonreír.
Oculto por la palabra muerta
que entreabre los labios,
huye el miedo de su cuerpo,
y es humana.
La inteligencia abulta los párpados,
que es compañera de su sentir, que no calla.
Con fuerza significan las lineas de su cuerpo,
qué significa su espalda, su rostro, su sueño...
Una astronomía de acercamientos,
una promesa de sexo y compañía,
de compañera para los adentros.
Entre dejarse llevar y no dejar de buscar
se lee tu cuento. Para dormir con tu bondad,
mientras derramas tu bello empeño
de vida valiente,
siempre es un buen momento.

Imagen: Gustav Klimt, Serpientes Acuáticas II (Detalle)

domingo, 17 de octubre de 2010

A lo que me refiero

Hay que romperse los dientes con arte,
hay que dormirla acompañado,
hay que insultar sin ensañarse,
hay que planificar bien el pasado.

Hay que bañarse en aceite, y chorreando, 
acostarse a cumplir con lo pactado:
¡ay, amiga! Hay que hacer lo duro blando.

Hay que regar las flores con ginebra,
hay que invertir en contrabando,
hay que amar a las culebras,
y guardar el cascabel para otro gato.

viernes, 15 de octubre de 2010

Yerras al acertar -escritura libre-

Acertar pone de manifiesto la intención; quiero decir, errar puede mantenerte a salvo, desconocido:

para que lo que sueñes sea un misterio,
para no malgastar en bonos
de la posibilidad;
te digo que sigas
bebiendo a solas,
para contar con el factor
sorpresa  del alcohol
en el asalto a ti mismo;
que los engendros,
los perros sin ojos
te hagan compañía,
para temer tan solo el miedo;
para que seas experto en el silencio,
y aprendas a conversar con la soledad.
Para que las drogas sean
nuevas amistades, o viejos conocidos.

Yerra como mal menor,
porque tener razón, es el mejor
error, la peor cualidad.

sábado, 4 de septiembre de 2010

La humildad

La humildad es un proyecto ambicioso.

sábado, 21 de agosto de 2010

Notas de Tailandia (IV)

21/08/2010: de Chiang Mai a Koh Tao

A la provincia de Chiang Mai no se le encuentra el pulso en la capital homónima, una ciudad en la que, dejando a un lado el casco histórico, los puntos de interés parecen haber sido centrifugados en un intento de despistar al viajero, que hace agua por sus cuatro puntos cardinales.
La selva creciendo por la superficie boscosa, la antigua ruta de la seda, sentir por dónde respira el planeta y descubrir que las islas más secretas no tienen mar, que la gente ignora cómo depender de la tierra que dista más de un día de camino desde la puerta de su cabaña, suspendida sobre la humedad y el germen de los campos de arroz. Esto es lo que se puede encontrar en Chiang Mai quien se deje perder.
Y de su cuello, un expreso nocturno hasta las ingles de Tailandia, a parar a un lunar llamado Koh Tao, una isla que parece haber sido fundada por naúfragos con espíritu chill y festivo, tan pequeña que el monzón pasa de largo, hecha de bahías rotas por las luces de los bungalows y los bares construídos con cañas, que sólo salen de su concha por la noche.
Lo que ocurre en los arrecifes, sus seres imposibles y sus fantasmas no lo puedo explicar. Odio la estúpida frase de que no hay palabras, siempre las hay, pero para esto el lenguaje y yo nos hemos quedado cortos. Para quien quiera acabar, para quien ya no necesite conocer más, Koh Tao es un buen destino.

Notas de Tailandia (III)

14/08/2010: de Lopburi a Sukhotai

Lopburi son sus monos. Monos correteando entre los tres chedis, cientos de monos columpiándose en el cableado, con el genoma suficiente para robar gafas de sol a los turistas y bolsas de la compra a la gente, que en este pequeña ciudad es más fauna local que el animal.
Sukhotai probablemente tenga las ruinas más impresionantes del periodo inicial de Siam, anterior a la hegemonía de Ayuthaya. Es la cuna de la escritura thai, de trazo abierto y cuneiforme en sus finales.
Entre los templos subsisten con especial tenacidad los laboriosos chedis, macizos y rematados por una cúpula en forma de flor de loto, bajo la que se recogen del paso del tiempo y la historia las cenizas de los nueve reyes que tuvo este imperio. Una vez más, tan primitivo como humano parece ser la necesidad de trascender la inhumanidad de la muerte. Junto a los chedis están los budas, mil veces múltiple en este país, donde el budismo promulga la cosmología de la unidad y advierte sobre el engaño de la multiplicidad de las formas, o Samsara: budas de arquitectura sorprendente, de dimensiones colosales, insinuando formas femeninas o en el reposo de la otra vida, cuando alcanzó el Nirvana.

jueves, 12 de agosto de 2010

Notas de Tailandia (II)

07/08/2010: Ayuthaya

Ochenta km. son todo o nada para según qué cosas: para la lluvia y los gatos, el género humano parece ser igual de manso y predecible. Sin embargo, el hombre es menos lobo para el hombre en Ayuthaya que en Bangkok, donde el Barrio Rojo ha quedado convertido en Disneylandia para adultos (los clientes, las dependientas, a gusto de cada cual), el mekong o Mae Khong es más ron que whisky (que venga Carvalho y lo vea) y Chinatown y el centro muestran sus templos horteras del s. XVIII.
La antigua capital es otra cosa, el tiempo y la antigüedad le han devuelto a la arquitectura una cierta franqueza, pagada con pan de oro y piedras. La frontera en la que la memoria de los hombres se topa con las condiciones de la naturaleza, con su rigor y exigencia, aflora en Ayuthaya. Las ruinas del s. XIV cumplen con la sobriedad que se espera de los tesoros, y en ella se ve la decadencia, el exceso del lujo terminal y enfermo que precede a la caida por el abismo del tiempo. Un imperio derrotado siempre es bello.
Además, hay rincones donde la selva medra, insólita y urbana, como disimulando en esta isla de ribera.
Mañana al norte, por Lopburi, la ciudad de los monos, hacia Chiang Mai, Chiang Rai y los campos de opio, a conocer nuevos finales. Ya os contaré.

Notas de Tailandia (I)

03/08/2010: Bangkok

Escribir por insomnio en Bangkok a las seis de la mañana podría ser señal de que todo va demasiado bien, o no, o todo lo contrario. Puede que sólo sea el jet lag.
Hay una serie de promesas que le haces y te hace esta ciudad, que se pierden y deshacen en el calor masticable del trópico. Hay toda una gama de insatisfacciones que van muy bien para perder el tiempo. Repartir todo el encanto entre los más de veinte mil km. que nos separan de casa y que nos salga a cuenta, parece no obstante, una imposibilidad basada en hechos reales. Puede ser que Bangkok exista.
Entre la comida Thai, las putas perfectas de oriente y el mercado de flores se quedan por ahora las impresiones de estos primeros días, a la espera de los templos o wats. De momento sigo tan dispuesto a pagar la fianza de mis mitos, como a cobrar el seguro de sus muertes.

lunes, 9 de agosto de 2010

Yonqui

La droga es una ecuación celular que enseña al individuo hechos de validez general. Yo he aprendido mucho gracias al uso de la droga: he visto la vida medida por cuentagotas de solución de morfina. He experimentado la agonizante privación de la enfermedad de la droga, y el placer del alivio cuando las células sedientas de droga beben de la aguja. Quizá todo placer sea alivio. Yo he aprendido el estoicismo que la droga enseña al que la usa. He visto una celda de yonquis enfermos, silenciosos e inmóviles, en aislada miseria. Ellos conocían la inutilidad de quejarse o moverse. Ellos sabían que básicamente, nadie puede ayudar a otro. No existe clave, no hay secreto que el otro tenga y que pueda comunicar.
He aprendido la ecuación de la droga. La droga no es, como el alcohol y la yerba, un medio para incrementar el disfrute de la vida. La droga no es un estimulante. La droga es un modo de vivir.

"Yonqui", William Burroughs.

domingo, 18 de julio de 2010

Cínicos

"-¿Eres cínico?
-Soy infeliz. Si fuera cínico, probablemente me sentiría mucho mejor."

Charles Bukowsky, La senda del perdedor.

Pensando en Madrid

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En la ciudad que no he conocido,
el silencio se lee entre líneas,
el sueño es un mal pasajero,
el enemigo guarda la frontera.

En el desierto que es su gentío,
enamorarse es un espejismo con músculo,
el anonimato, un seguro de vida,
la muerte deja en blanco las esquelas.

Si tienes picado el corazón,
si estas harto de masticar las aceras,
puedes beber de sus charcos,
puedes cortarle las venas.

Ponte una goma en la razón,
vente a desbrozar sus campos de avena,
arrima el cristal de tu cuello a su filo,
y que te despierten sus relojes de arena.

La noche

"La noche es un refugio al que se llega por el dolor"

Autor: Mario Parra Cachada

miércoles, 19 de mayo de 2010

Para entenderme

Soy extraño. Soy introspectivo y arrogante. Soy hostil con lo que me es mediocre porque se me antoja dañino. Lo soy de hecho, con lo que me supera porque me frustra y soy incapaz de la humildad. Soy inteligente y atractivo. Soy inseguro y despectivo. Soy bueno. Soy escritor. No tengo pasiones compartidas, soy demasiado abrupto para la compañía. Me aburro en multitud, me quema la cercanía, me destroza la intimidad. Me gusta transgredir con la miseria de otros, no hablo de mis monstruos porque no tienen nombre, me disgusta la felicidad ajena cuando me toman la ventaja y tiene excusa. Soy artero con la esgrima del tintero, soy el extremo anudado a su otro extremo, soy lo que no quieren que sea si no me sale nada mejor, si no me sale ser yo.

No sé hablar por hablar, nunca me doy cuenta de que llevo la situación a último término, tengo talento para ser visto sin mirar. Soy amigo de la palabra digna de un significado, poco más que un suspiro, un soplo animado por la voluntad. No me creo capaz de dañar, pero lo consigo y no lo entiendo, no me siento, no lo hago.

Soy un rojo que milita por despecho, llevo la contraria por deporte, predico la perdición por no pagar una hipoteca, hago prácticas de yonki con pastillas que quitan la jaqueca. Bebo hasta decir basta, hasta no poder decir esta boca es tuya, y la quiero. Vivo de noche, ahorro sentido común para los días laborables.

Soy mezquino sin razones para ello, me puede lo agudo de la ambición, me entierro en recuerdos como sábanas de hierro, hace tiempo que la contradicción es la coartada de mis miedos. Me es fácil enamorarme cuando enamorarse es complicado. Aunque de tópico, sea una ordinariez, siempre olvido antes de que me hayan olvidado. Cojeo de la pierna del medio cuando no lo hace el corazón, y troto a la querencia, ya por obligación o por deseo, cuando me abren la habitación de un beso que hace bien sin mirar a quién. Soy fiel como un hermano, y tierno si me quieren, vivo convencido de que al cielo sólo suben las risas que también duelen, cuando terminan y nos hallamos agotados, el silencio suena a certeza y no me exige nada.

Sin título

Sólo cuando sepa todo
estaré tranquilo.
Sólo cuando sepa todo
no querré dar nada a conocer.
Sólo cuando sepa dormiré
con todo
y dejaré de ser,
como ya he sido.

domingo, 18 de abril de 2010

La verdad de las palabras (III)

Cuál es la grafía de un sollozo, del instante absurdo y entrecortado de la lágrima. No existe, porque la verdad no admite el sentido figurado. Los significados importantes no se prestan a la deformidad, al engendro que es el arte. Pueden ser crudas, nítidas como el corte de un tendón, las palabras. Pero no son putas baratas de tu ánimo, ausente lector.


Una trinchera de palabras:


Puedes guardarte la memoria.

Compañero, aquí nuestro tiempo

no se mide con palabras,

no sé en tu lado.


Nada vale nada, dulce,

tú que has sido tanto y te acabas.

Aún así, te acabas.

Como un cielo abierto.


Mi imperio dormido

de cercanía, duerme, sí.

No hay deuda, no tengo derecho

al daño.


Que norma tan necia y necesaria.

La verdad de las palabras (II)

Si las manazas encalladas del jornalero que trabajan la tierra saben más de la verdad que un catedrático de ciencias, que decía mi querido y extraviado Mario, en algún lado de las no tan honradamente telúricas relaciones humanas, debe hallarse mi sitio, que siempre estoy entre dos mundos, que siempre aspiro a lo que no llego, que siempre rehúyo lo que no me supera. Mi soledad es la que me encuentro en los demás:


-Si te crees suficientemente bueno.

-Y eso qué es.

El bar se recogía sobre su piel de mesas pegajosas y suelo enredado de colillas y pisadas vacilantes. Las luces brindaban la intimidad suficiente para los que se acababan de conocer, o los que ya se conocían demasiado.

-El punto de inflexión, Marcos. Crees que no vale la pena lo que haces, crees que no aporta nada nuevo, pues continúas con lo que te prometa el alcohol, y los años que te quedan por cumplir. Que no son tantos como te crees, digan lo que digan los calendarios de tus ancestros.

-Yo no tengo ancestros. Mis padres, si quieres.

-... O aceptas la posibilidad de tu genio, creas, muestras, exhibes ¿vale la pena la pornografía de tus miserias? ¿Son más hondas, están mejor descritas? Pues para qué molestarse.


Para qué molestarse. En las barras de los bares, antes se escribían las cuentas con tiza.

viernes, 16 de abril de 2010

La verdad de las palabras (I)


Comprender que la verdad no se encuentra en las palabras, es algo que me ha llevado tiempo. Hasta ahora, creía que la presunta complejidad del lenguaje escondía alguna forma de luz divina. Aceptar que ni la forma ni el contenido me legitiman, es una liberación que empiezo a concebir, que aún repta con dificultad por mi conciencia. No puedo cambiar el mundo con mi palabra. No puedo reescribir la realidad con ingenio. No existe el argumento absoluto.

-Como te digo, qué lástima de la madre de Mari Carmen, es que no puedo verla así, que bajón ha dado. Esa mujer, que me contaba a lo que se dedicaban los grises mientras me empujaba en el columpio, y quién fue Rosa Luxemburgo. Ya ni sabe dónde está.
-Pero se la ve bien. Quiero decir, que todavía sonríe y se la ve contenta, qué más quieres.
-… Pues no sé hija, como querer, se puede querer estar mucho mejor. Ayer después de cenar con ellas, que qué rico el pisto, esta niña, Mari Carmen, profesora de universidad y con un puesto de cuero en la plaza de Islantilla, y encima cocina mejor que nadie y parece la pija más pija de España. Bueno, pues me acosté llorando de haberla visto así ¿Tú crees que me reconoció? Dame esa cerveza… toda la noche llorando y tirándome peos, del pisto supongo. Y ahora me he metido en el agua, y será otra vez el pisto o las cervezas del Maiquel o lo que sea que me han venido los peos otra vez. Y ha sido empezar y ponerme a llorar como anoche, como los perros del Pablov estoy con el reflejo acondicionado. Oye esta cerveza está caliente, dile al Maiquel que nos la cambie antes de irse… ¡Maiquel…! ¡Maiquel! ven pacá gitanito, que guapo y que moreno estás, no te vayas para el fondo, que te ven los marigays y le terminas poniendo los cuernos a tu novio, que te conozco.
-Podría, Lola, podría, pero ¿Pa qué? Si yo lo quiero a él.
-Di que sí. Mira, que se nos ha calentado esta cerve, me la cambias por alguna del carrito más fresquita.
-Porque eres tú, Lola, pero que el hielo aquí en la playa es oro blanco, me lo traigo cargando desde las seis de la mañana.
-El oro blanco es la farlopa, mi niño, que también te podrías traer un día.
-Lola, coño, los niños…
-Perdón, perdón, Miriam, si ya sabes que es broma. Bueno Maiquel, no te olvides de pasarte cuando vengas de vuelta, que ya sabes que aquí nunca nos sobra, y que siempre te compro que eres el que las trae más frías. Qué te decía… ¡Ah! Aurora… ¿a ti viéndola te entran ganas de llegar a los ochenta y tres?

La forma es con frecuencia la excusa para verdades relativas. Hay verdades independientes de la forma, que se dicen de una sola, o de mil formas diferentes.

lunes, 22 de febrero de 2010

Retroceso

A la deuda contraída por la predisposición a lo inseguro, se une el ser acreedor de la voluntad de la reparación. Al efectismo de la inteligencia, el artificio, lo hace la verdad de la impostura, la mentira del desapego, la realidad de la soledad. Me obsequio con pruebas de vida del futuro, actos reflejos contra la incertidumbre.

Ubica tu ser en la nada que no ha reclamado la necesidad de la coexistencia.

Anuda tu mirada al clavo del cansancio. Deshaz el continuo de la voz.

Retoma el aceite del ensimismamiento, el murmullo sordo. El pulso de esta conversación, amigo mío, lo gobierna un corazón partido en dos.