lunes, 9 de noviembre de 2009

Volver

Casi siempre -un siempre relativo-, pasan las cosas que esperamos, con alguna pulsión de novedad, con algún aire de satisfacción o verificación de lo que somos, y sin embargo, parece que nos distrajéramos a la hora de hacer de ello una conclusión, un final. Por suerte. Porque la próxima semana a la mejor quiero volver a ver esta persona, conocida o no; porque me gusta esta canción y volveré a oírla, es sencillo; porque el próximo jueves me beberé la misma primera cerveza de más menos las diez en El Salvador, y la conversación será otra o la misma, no importa, las risas serán las mismas u otras.
Mañana bostezaré, me sentiré igual de cósmicamente ultrajado por el reloj, la estación del año y el calendario. Mi represalia será tomarme el café de de todos los días.
Es muy probable que, cuando toque, diga el mismo “te quiero” que uso para todos, y lo diga sin prisas y con la mirada relajada, ahora que estoy por cobrar el finiquito del trabajo del cinismo.
Si se le puede llamar suerte, y la tengo, tal vez sea consciente de cuándo voy a morir, y me da que me moriré igual que todos, con más miedo que otra cosa, sin querer abdicar de los recuerdos, los mismos quizá, que hoy quiero tener.
Y es seguro que al mismo tiempo estén muriendo los mismos de siempre, que se esté planeando la repetición de los asesinatos, de las guerras santas; que se esté descubriendo de nuevo la rueda, la escritura y el arma; que las personas de poder estén maquinando la misma mentira, y los líderes naturales se dediquen al cortejo y a la política, más o menos a partes iguales; que la tierra esté reclamando las mismas ruinas, y que con sus piedras también se lleve la memoria de los hombres, que se hagan de nuevo arena para volver a construir y recordar, como si fuera masa pastelera en manos del tiempo, cuando regresen los profetas a predicar lo que ya habíamos oído, o los artistas a enamorarse de lo que siempre ha sido hermoso, o puro.
Sin duda en algún río de algún país del mundo una gota de agua está regresando, después de noventa o cien años, a un pantano que ya visitó, y un breve girón de aire se ha enredado en el mismo risco por el que atravesó un día que fue una tormenta.
Y con toda probabilidad en Marte, hace ya miles de millones de años que los mares excavaron la cueva donde los hombres del futuro encontrarán las fotos rupestres de 10 gigapíxeles de Atapuerca.

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