viernes, 23 de octubre de 2009

Doña Rosario sueña en la cocina

Permítanme que les defina
mi vértigo a la altimetría
de las piernas de galería
que luce la puta de mi vecina.

De nombre floreado, Rosario
sueña en la cocina,]
guarda las tetas en el armario
con la cruz de los santos trinitarios
por no llenárselas de harina.

Tiene las penas a raya de cocaína,
pela hortalizas con los labios,
tacha con carmín el calendario
los días que a su esposo se le empina.

Se mete el rabo entre las piernas,
monta mujeriegos a mujeriegas,
¡quién le cogiera el culo a ciegas!
cuando invita a cópulas en tabernas
con aroma a ingles sinceras.

Hace la calle, mas deshace las aceras,
no tendrían los ángeles seso,
en las discusiones sobre sexo,
si viéndola no dijeran
“La polla como un templo,
y salga el sol por Antequera”.

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