viernes, 25 de septiembre de 2009

El Santo de la Emasculación

Positio para el inicio de canonización por Vía de Martirio:


“Vida y obras del Padre Severiano Bohórquez de La Peña, candidato a Siervo de Dios y a Beato en virtud del milagro de la incorruptibilidad”


Obispo Diocesano: Julián de la Torre y Albás

Postulador de la Causa: Críspulo Cueto Coronado


Poco se sabe de los primeros años de vida del piadoso Severiano. Según los registros de la parroquia de Villanueva del Torcal, diócesis del insigne Julián de la Torre y Albás, tendría unos doce años cuando fue encontrado sin sentido el 14 de diciembre de 1791 en una profunda caverna, desde donde se le trasladó a la citada parroquia a fin de que recibiera los cuidados necesarios. Allí el Padre Francisco Bravo Larrañaga lo tomó bajo su protección y comenzó su formación en la vida de entrega y culto a Nuestro Señor. Cuentan los escritos de su tutor espiritual que el pequeño Severiano tomó pronto gran reserva hacia el pecado original e hizo voto de castidad, que profesaba con admirable rigurosidad. A este respecto se narra la anécdota del día en que, poco después de un año de su llegada a la parroquia, Severiano, víctima de una involuntaria polución nocturna, ingirió el resultado del accidente evitando así la pérdida de la valiosa semilla que como él muy bien sabía, había de servir únicamente a la procreación y siempre en virtud del séptimo sacramento. Con este maravilloso ejemplo, el padre Francisco difundió la práctica entre sus sacerdotes y feligreses, y a día de hoy ni una gota del germen humano es derramada en vano en ésta nuestra diócesis.

Al poco tiempo de ser ordenado sacerdote, el probo Severiano dio a bien ocuparse de la educación de los infantes, que siguiendo sus directrices, se criaron en la más perfecta inocencia, en virtud de lo cual se comportaron siempre con la mayor discreción las hembras, y con admirable sabiduría los varones. A tal punto llegó la castidad de sus discípulos, que el Padre Severiano, en su bondad, hubo de ocuparse no ya sólo de los oficios del matrimonio, sino de los de la noche de boda en las que, sobreponiéndose a su bendita aversión a la carne, guiaba a los recién casados para que dieran pronta luz a la ansiada progenie.

Pero el ejemplo más virtuoso y digno de veneración nos lo daría el Padre Severiano con su muerte. Retirado en su vejez al más humilde ascetismo, Severiano vivía en la cuadra de la iglesia, sin más compañía que una vieja burra desdentada y sus oraciones. Dicen los escritos que pasaba las noches en permanente vigilia, hasta el día en que apareciera en la capilla con el rostro pálido de santidad, el hábito empapado en sangre y en su mano, el miembro viril más puro que haya poblado estas tierras.

Es necesario señalar que en el mérito de su acción, no usó cuchillo ni lanceta alguna, como se observa en la sección del órgano –que hoy es testigo de su gloria-, cuya base aparece desgajada por simple presión. Como acompañante en su viaje hacia los Reinos de Dios, sólo quiso llevarse a su fiel burra, que apareció en la cuadra degollada y con el morro ensangrentado.


Parroquia de Villanueva del Torcal, lugar de reposo del emasculado Severiano Bohórquez de la Peña, Requiescam In Pace, y de su miembro incorrupto por Voluntad Divina, 20 de noviembre de 1877.


Nihil Obstat.

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